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air femme niño llorando en el avion

PANIC ATTACK

No ser mamá y sufrir el viacrusis de la viajera pasiva

En cuanto abordo un medio de transporte y abrocho mi cinturón, si veo hacia el asiento que está a mi lado, se me ocurren dos cosas casi instantáneas: ¿podré estirar mis piernas, acurrucarme y dormir, o podré conocer a alguien interesante?

Pero, ¿qué tal si una madre con un bebé llorón e inquieto ocupara la plaza y el llanto comenzará a incomodarme al grado de exacerbar mi propia tolerancia?

Cuando tenía 13 años, estaba en una conferencia repleta de gente, y frente a mí un bebé llorón no me dejaba escuchar lo que decían, así que cuando perdí la paciencia dije en voz alta y demandante: “Ash, ¡ya callen a ese niño!” Cuál sería mi sorpresa cuando su mamá volteó, me miró y con toda ternura se agachó hacia mí susurrándome al oído: “Tú también fuiste bebé algún día”. Yo me quedé helada y muerta de vergüenza, pues ella tenía razón y en un instante comprendí una gran lección de vida: Todos fuimos bebés que lloraron alguna vez.
Una verdad tan natural que sensibiliza, aunque de momento nos incomode.

Si mi madre hubiera dejado de viajar sólo porque yo lloraba en el avión al taparse mis oídos con aire comprimido, estoy segura de que habríamos perdido la oportunidad de conocer lugares espectaculares o esa característica convivencia familiar tan profunda que se presenta cuando uno sale del espacio cotidiano y se va de viaje.

¡Tú sigue viajando! Quizá sea la oportunidad para que alguien más se sensibilice a través de ti y de que tú misma comprendas que el llanto de tu hijo es lo más natural del mundo.

Cecilia Andreu Mereles
Psic. Psicoterapeuta con música y mandalas
www.ceciandreu.com
Tags : Niño llorónViaje en avión