Moda con Mensaje: El Homenaje de Lady Gaga a Puerto Rico y el Lujo Democrático de Bad Bunny

El Super Bowl 2026 ha dejado una huella imborrable, no solo por la potencia musical de Bad Bunny y la inesperada aparición de Lady Gaga, sino por la profunda carga simbólica y política que ambos proyectaron a través de sus vestuarios. En un despliegue que fusionó la identidad caribeña con la vanguardia neoyorquina, el escenario del entretiempo se transformó en una pasarela de significados donde cada prenda narraba una historia de orgullo y resistencia.

 

Lady Gaga, quien se unió al Conejo Malo para una interpretación salsera de su éxito Die With a Smile, deslumbró con un diseño personalizado de la firma neoyorquina LUAR, fundada por el dominicano Raúl López. El vestido, de un suave color azul celeste, no fue una elección al azar: este tono rinde homenaje a la bandera de Puerto Rico de 1895, un símbolo de independencia y orgullo. Con una silueta de talle bajo y una falda escalonada de volantes que evocaba el dramatismo del flamenco y la fluidez de los bailes de salón, el traje de Gaga fue una oda a la cultura latina.

 

Los detalles de su atuendo elevaron la narrativa visual. En su hombro destacaba una Flor de Maga (la flor nacional de Puerto Rico), una pieza de joyería artesanal diseñada por Piers Atkinson con pétalos rojos y gotas de cuentas blancas. Para completar el look, la artista lució unos pendientes de la colección de Alta Joyería de Chopard, con diamantes de 11.18 quilates engastados en oro blanco de 18 quilates. Aunque el valor del vestido de LUAR se mantiene bajo reserva por ser una pieza de alta costura a medida, el lujo se hizo presente en sus accesorios, donde solo la joyería de marca alcanza cifras de seis dígitos.

 

Por su parte, Bad Bunny rompió los esquemas del lujo tradicional al elegir un vestuario democrático firmado por Zara. El artista inició su show con un jersey blanco tipo uniforme de fútbol americano, personalizado con su apellido Ocasio y el número 64 en la espalda, acompañado de pantalones chinos y guantes a juego. Esta decisión de usar fast-fashion en el escenario más visto del mundo fue interpretada como un gesto político, acercando la moda a sus raíces y a su gente. Posteriormente, para el segmento junto a Gaga, el cantante cambió su estilo por un blazer cruzado en color crema, manteniendo una estética monocromática impecable.

 

 

A pesar de la aparente sencillez de su ropa, Bad Bunny no escatimó en accesorios de alto nivel. En su muñeca destacó un reloj Audemars Piguet Royal Oak de 37 mm, fabricado en oro amarillo de 18 quilates con una esfera de malaquita verde, cuyo precio de mercado supera los 75,000 dólares. Además, calzó sus exclusivas zapatillas Adidas BadBo 1.0 en blanco y lució un broche de diamante tallado en forma de balón de fútbol. Esta combinación de marcas accesibles con piezas de alta relojería reafirma la visión del artista: el verdadero lujo no reside en el precio de la etiqueta, sino en la autenticidad del mensaje que se comunica.