En la Ciudad de México, el domingo no se mide en horas, sino en la cadencia de una sobremesa que se niega a terminar. Para la viajera que busca descifrar el ADN de esta metrópoli, el brunch de lujo es mucho más que una pausa gastronómica, es un acto cultural. Es el momento en que la arquitectura, la herencia histórica y la vanguardia culinaria convergen en un solo plato.
Aquí, nosotras reunimos tres paradas obligatorias para entender por qué la capital mexicana ha perfeccionado el arte de recibir y abrazar con su gastronomía.
El Patio de la Memoria Zanaya
Entrar al patio central del Four Seasons en Paseo de la Reforma es reconciliarse con el pasado colonial de la ciudad. Bajo la sombra de sus laureles, el tiempo adquiere otra densidad. Aquí, el lujo no es pretencioso, sino generoso.
- La Esencia: Mientras el chef rinde tributo a las brasas y a la frescura de las costas del Nayarit, el comensal experimenta la hospitalidad mexicana en su estado más puro. No es solo el sabor de la barbacoa o la perfección de sus ostras, es el servicio que anticipa el deseo antes de que sea palabra.
- El Sentimiento: Un refugio de serenidad donde el lujo es, simplemente, el silencio compartido y la luz filtrada por las hojas.

La Resurrección de la Época de Oro en Casa Prunes
En la colonia Roma, la historia respira a través del Art Nouveau. Casa Prunes no es un restaurante, es un testamento de una era donde la Ciudad de México soñaba con ser París. El brunch aquí es una inmersión en la estética del detalle con techos altos, molduras restauradas y una barra que parece el altar de una religión dedicada a los elixires.
- La Esencia: Aquí se viene a experimentar la nueva bohemia. El menú es un diálogo entre la técnica europea y el producto local, servido en una atmósfera que se siente privada, casi clandestina.
- El Sentimiento: La melancolía de la Belle Époque transformada en una celebración vibrante y contemporánea.
El Espejo de Agua en LagoAlgo
Si buscas entender la escala de la ciudad y su relación con la naturaleza, debes dirigirte al Bosque de Chapultepec. LagoAlgo ocupa una joya de la arquitectura modernista de los años 60, con sus formas parabólicas que parecen flotar sobre el agua.
- La Esencia: Es el brunch para el viajero consciente. Aquí, el lujo reside en la curaduría del ingrediente —proveniente de chinampas locales— y en la convivencia con el arte contemporáneo. Es un espacio que respira, donde la comida es honesta, minimalista y profundamente conectada con la tierra.
- El Sentimiento: Una conexión introspectiva con el entorno urbano, donde el diseño y el paisaje son tan nutritivos como el menú.
Recomendación Gourmet
El brunch en CDMX es un fenómeno social. En estos recintos, verás a las familias que han moldeado la ciudad conviviendo con los nuevos nómadas digitales y la élite creativa. Mi consejo: llega con el corazón abierto y sin planes para el resto de la tarde. En esta ciudad, el mejor destino siempre es el que se encuentra al fondo de una copa de espumoso y una conversación que no quiere terminar.


