Por Dayanne Morales
Hay lugares que no se visitan, se sienten. En una colina de Zihuatanejo, Guerrero, ubicada estratégicamente para mirar de frente el horizonte del Pacífico mexicano, se alza el Partenón: un templo que parece arrancado de Grecia. Entre columnas blancas recortadas contra el azul, el viajero encuentra monumentos impresionantes que resguardan secretos centenarios; sin embargo, para la mujer viajera, este lugar ofrece una experiencia inmersiva que va mucho más allá de la foto perfecta.

Construida a finales de los años 70 como el refugio privado del polémico Arturo Durazo Moreno, la estructura fue diseñada siguiendo las proporciones del templo de Atenea en la Acrópolis. Cada detalle fue una declaración de poder: desde los murales inspirados en la mitología grecorromana y las réplicas de las cariátides, hasta sus pisos de mármol importado de Carrara. Durante décadas, este recinto permaneció envuelto en el misterio y el silencio, convirtiéndose en una “ruina moderna” atraída por la dualidad entre su belleza clásica y su pasado tormentoso.
Tras años de abandono, donde el eco y las sombras eran sus únicos habitantes, el Partenón ha sido reclamado por el espíritu colectivo. El recinto hoy se desprende de su estigma para transformarse en un vibrante Centro Cultural y de las Artes. La alberca, que alguna vez fue epicentro de exclusivas fiestas privadas, funciona ahora como un anfiteatro natural donde la acústica del mármol eleva la música de cámara hacia las estrellas. Es una metamorfosis poética: un espacio diseñado para el secreto y la exclusión abre ahora sus puertas a la luz de la educación y la expresión creativa.En esta nueva etapa, sus salones se han convertido en una plataforma viva para el talento guerrerense. Actualmente, puedes encontrar exposiciones itinerantes y pinturas de artistas locales, quienes plasman la identidad de la región en cada lienzo. Lo más valioso es que muchas de estas piezas están a la venta, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de adquirir arte auténtico y apoyar directamente el sustento de los creadores de la comunidad.
Recorrer el Partenón al atardecer, cuando la luz dorada baña el mármol y se escucha el eco de un concierto en su anfiteatro, es una experiencia transformadora. Nos invita a reflexionar sobre cómo la estética clásica puede habitar los trópicos y cómo, como viajeras conscientes, podemos apreciar la complejidad de un destino que ha sabido convertir sus cicatrices en una propuesta artística invaluable. Un rincón imprescindible en Guerrero para quienes buscan historias profundas bajo el sol de México.
Femme Tips
- Golden Hour: Visítalo a las 17:30 hrs para ver el mármol teñirse de rosa.
- Cultura: Consulta la agenda local; podrías coincidir con un concierto de piano bajo las columnas.
- Outfit: Opta por un estilo resort chic con calzado cómodo para esa foto instagrameable.






