Entre acantilados y fairways

Por Melanie Beard

Hay lugares donde el paisaje es un telón de fondo. Y hay otros, como Quivira en Los Cabos, donde el paisaje es el verdadero protagonista. Jugar aquí es una experiencia diseñada para dialogar con la naturaleza en su forma más imponente: el desierto dorado y el Pacífico infinito se encuentran sin pedir permiso.

Quivira Golf Club, concebido con la firma de Jack Nicklaus, se despliega como una obra que respeta y exalta el terreno. Cada hoyo parece esculpido para integrarse al entorno, no para dominarlo. Las 7,000 yardas de recorrido no se sienten como una cifra, sino como una travesía. Abierto en 2014 y rápidamente reconocido entre los mejores campos nuevos del mundo, Quivira ha sabido consolidarse por su capacidad de emocionar.

El primer hoyo marca el tono: un par 4 con el océano extendiéndose al fondo, recordándote que aquí el mar será tu compañero constante. A lo largo del recorrido, el juego se vuelve casi contemplativo. Hay hoyos que se asoman dramáticamente sobre acantilados, otros que serpentean entre formaciones rocosas y cañones naturales. El contraste entre la aridez del desierto y el azul profundo del mar crea una tensión visual que eleva cada golpe.

Lo que distingue verdaderamente a Quivira es su ubicación frente al océano, considerada una de las más espectaculares de Los Cabos. Desde múltiples puntos del campo, la vista se abre sin límites. No se trata solo de jugar; se trata de detenerse, respirar y observar cómo las olas rompen contra las rocas mientras el viento salino acompaña el swing. Hay momentos en los que el silencio se impone, y el paisaje eclipsa cualquier marcador.

El club house ofrece un respiro elegante después del recorrido. Espacios amplios, diseño contemporáneo con acentos que evocan la identidad local, y una atmósfera que invita a prolongar la experiencia. La gastronomía complementa el día con una propuesta que honra tanto el mar como la tierra: ingredientes frescos, preparaciones cuidadas y sabores que reflejan el entorno. Comer allí, después de una jornada en el campo, se siente como una extensión natural del recorrido.

Y luego están los instantes inesperados. En temporada, no es raro mirar hacia el horizonte y descubrir el salto de una ballena en el Pacífico. Ese espectáculo espontáneo resume lo que hace a Quivira único: la convivencia armónica entre el deporte, el lujo y la naturaleza en su estado más puro.

Quivira es destino para golfistas y a la vez es un refugio donde el paisaje transforma la experiencia. Aquí, el desierto y el mar se abrazan.