Palacio Arriluce: elegancia histórica frente al Cantábrico

Alexis Beard

Bilbao aprendió a reinventarse sin perder su alma. Entre la arquitectura contemporánea y una identidad cultural profundamente arraigada, la ciudad ofrece hoy un equilibrio seductor entre vanguardia y tradición. A pocos minutos de su pulso urbano, cuando el paisaje comienza a abrirse hacia el Cantábrico y el ritmo se vuelve más pausado, aparece Getxo como una extensión natural de esa elegancia discreta. Es allí, sobre los acantilados que miran al Abra, donde Palacio Arriluce despliega su historia.

Construido a finales del siglo XIX como residencia familiar, el palacio fue concebido en una época de esplendor para la burguesía vasca, cuando la cercanía al mar representaba estatus, bienestar y una forma refinada de habitar el tiempo. Su arquitectura señorial, de líneas sobrias y proporciones generosas, reflejaba el gusto de una sociedad que entendía el lujo como permanencia y solidez. Durante décadas, Arriluce fue testigo de veranos largos, encuentros privados y una relación íntima con el paisaje marítimo que hoy sigue definiendo su carácter.

La conversión del palacio en hotel se realizó con un profundo respeto por esa herencia. La restauración preservó la estructura original, las fachadas de piedra, los salones nobles y la sensación de residencia privada, integrando una ampliación contemporánea que dialoga con el edificio histórico de forma armónica. Su pertenencia a Leading Hotels of the World responde precisamente a esa fidelidad a la historia combinada con un estándar de hospitalidad internacional.o.

Las habitaciones y suites, repartidas entre el palacio y el edificio moderno, mantienen una atmósfera serena y residencial. Techos altos, grandes ventanales y vistas abiertas al mar Cantábrico o a los jardines centenarios refuerzan la sensación de amplitud y calma. El diseño interior apuesta por materiales nobles, texturas suaves y una paleta inspirada en el entorno natural, creando espacios que invitan al descanso y a la contemplación.

Palacio Arriluce propone una experiencia centrada en el bienestar y el disfrute pausado. Su spa se concibe como un refugio silencioso, con circuitos de agua, tratamientos personalizados y áreas pensadas para desconectar del ritmo cotidiano. Los salones, terrazas y jardines funcionan como extensiones naturales del paisaje, lugares donde el tiempo se dilata entre la luz cambiante del norte y el sonido del mar.

La oferta gastronómica acompaña esta visión con una propuesta elegante y contenida, basada en el producto local y en una interpretación contemporánea de la tradición vasca. Los espacios donde se desarrolla mantienen la esencia del palacio, combinando sofisticación y cercanía, siempre con un servicio atento y preciso.

A corta distancia de Bilbao, Palacio Arriluce se presenta como un refugio frente al mar y una puerta privilegiada al País Vasco. Es una forma de habitar la historia, de experimentar el lujo desde la calma y de entender el viaje como una pausa consciente, donde el entorno, la arquitectura y el servicio se unen en una experiencia coherente y profundamente evocadora.