Deby Beard
En el Distrito Artístico de San José del Cabo, cuando el desierto empieza a suavizar su pulso y la noche se abre paso entre palmas y árboles nativos, SAGE aparece como un espacio pensado para permanecer. Más que un restaurante, funciona como un punto de encuentro entre la tierra, el origen y la emoción. La luz tenue, el aire fresco y el cielo abierto construyen una atmósfera que envuelve desde el primer instante.

La propuesta gastronómica dialoga de manera natural con su entorno. Cada elemento parece ocupar el lugar que le corresponde, desde el arte mexicano integrado al espacio hasta la disposición abierta que permite sentir el ritmo del paisaje. La experiencia se desarrolla sin artificios, guiada por la honestidad del producto y una lectura sensible de Baja California Sur.
Al frente de esta narrativa se encuentra el chef Guillermo J. Gómez, cuya cocina actúa como un lenguaje personal. Su historia comienza en Argentina, entre huertos familiares y una infancia marcada por el aprendizaje en la cocina materna. Esa relación temprana con la tierra sigue presente en su manera de cocinar, en el respeto por las temporadas y en la atención puesta en cada ingrediente. Sus viajes aportaron técnica, contraste y perspectiva, dando forma a una propuesta que fluye entre culturas con naturalidad.

La experiencia en mesa refleja ese recorrido vital. La burrata con matcha y salsa morita se presenta delicada y envolvente, con un ahumado sutil que despierta el paladar. Los calamares salteados, acompañados de un crocante de papa, destacan por su juego de texturas y equilibrio. Los linguini al nero con ostras del Pacífico conectan directamente con el mar, evocando profundidad, salinidad y frescura en cada bocado.
Cada plato funciona como un fragmento de historia. La cocina de Guillermo combina memoria y presente, intuición y técnica, siempre guiada por una profunda conexión con la naturaleza. La sencillez aparece como un valor esencial, capaz de abrazar complejidad sin perder claridad.

SAGE se vive como un homenaje a Baja, a su paisaje y a su capacidad de inspirar relatos que encuentran en la cocina su mejor forma de expresión. Cada cena suma una nueva capa a esta historia en constante movimiento, donde el fuego, la tierra y la emoción se encuentran alrededor de la mesa.
