Casa D’Amico: el ritual italiano que se vive a la mesa

Alexis Beard

Casa D’Amico se siente como una casa abierta, de esas donde la comida marca el ritmo del encuentro y el tiempo parece estirarse entre conversaciones, copas servidas con calma y platos pensados para compartir. Desde que se cruza la puerta, el ambiente remite a la tradición italiana entendida como un acto cotidiano de afecto: cocinar para otros, sentarse juntos y dejar que la sobremesa haga su trabajo.

La propuesta gira en torno a una cocina italiana clásica, ejecutada con respeto y atención al detalle. Aquí, la tradición funciona como punto de partida y como brújula. Pastas elaboradas con cuidado, salsas que encuentran su equilibrio a fuego lento y recetas que privilegian el sabor limpio de cada ingrediente construyen una carta que resulta cercana y reconfortante, sin perder elegancia.
El espacio acompaña esa intención. Casa D’Amico apuesta por una atmósfera cálida, donde la iluminación suave y los materiales nobles invitan a bajar el ritmo. Cada mesa parece pensada para quedarse, para alargar la experiencia más allá del último plato. El servicio fluye con naturalidad, atento y discreto, reforzando esa sensación de estar en un lugar familiar.

En la mesa, los sabores evocan Italia desde la memoria más que desde el exceso. Pastas que hablan de técnica y paciencia, entradas pensadas para abrir el apetito con sutileza y platos principales que celebran la sencillez bien entendida. Todo se acompaña con una selección de vinos que dialoga con la cocina y completa el recorrido sensorial.

El Chef Walter prepara a la perfección una pasta con pimientos, tanto los suaves como los más audaces, que traen consigo una explosión de colores y sabores. Su dulzura ahumada y ligeramente picante se funde en las salsas, creando una textura cremosa que se convierte en un abrazo reconfortante para el alma. Son los encargados de dar el toque de carácter, de sorprender y desafiar, mientras se mantienen fieles a la esencia de la tradición italiana.

Casa D’Amico representa una forma de entender la gastronomía como un gesto de hospitalidad. Un espacio donde comer se convierte en un acto pausado, donde la tradición se transmite plato a plato y donde cada visita deja la sensación de haber sido parte de algo íntimo y genuino. Un lugar al que se vuelve buscando ese confort que solo la cocina hecha con cariño consigue ofrecer.