El tiempo se detiene al pie de la Tramuntana

Por Melanie Beard

El camino, sinuoso y sereno, parecía despojarme poco a poco de la prisa aprendida, de las urgencias que uno trae adheridas a la piel. A medida que el paisaje se abría, el aire cambiaba, el silencio comenzaba a tener voz. Las palmeras alineadas, largas y pacientes, marcaban un ritmo casi ceremonial, como si cada paso fuera una invitación a bajar el volumen del mundo. Sentí que entraba en un espacio donde el tiempo había aprendido a respirar de otra manera. En Mallorca, todo parece existir con propósito, incluso la quietud.

Desde el primer instante, Castell Son Claret me habla de pertenencia. Las montañas de la Tramuntana, firmes y antiguas, rodeaban el lugar como guardianas silenciosas, sumergiéndome en una belleza profunda; la tierra, extensa y viva, parecía contener memorias. Caminé por los senderos con la sensación de estar pisando una historia que sigue latiendo.

Mi suite era una extensión del paisaje. La luz entraba con suavidad, sin invadir, como si conociera el lenguaje del lugar. Cada detalle parecía pensado para acompañar y el lujo estaba en la calidad del silencio, en la textura de los materiales, en la forma en que todo parecía invitar al descanso sin exigirlo.

Los días transcurrieron con una cadencia distinta. Desayunar se volvió un ritual lento, casi sagrado. Los sabores tenían origen, historia, intención.Comer allí era una forma de escuchar la isla, de entender su generosidad sin excesos. A cada bocado, Mallorca se hacía más cercana, más humana, más real.

Mallorca es una isla que no se revela de inmediato; se deja suavemente, de manera sutil y elegante. Hay en su luz una sabiduría antigua, en sus caminos una mezcla de aspereza y ternura, en su mar una calma exquisita. Mallorca es tierra de contrastes suaves: piedra y sal, montaña y huerto, memoria y presente conviviendo sin esfuerzo.

Durante mis paseos por la finca, me dejé seducir por Castell Son Claret; hay lugares que se esfuerzan por ser recordados; este, en cambio, se queda contigo sin pedir permiso. Los olivos, los jardines, los rincones casi secretos hablaban de un cuidado paciente, de una relación honesta con la tierra. Pensé en las generaciones que habrán caminado esos mismos espacios, en cómo la historia se integra a cada rincón. El pasado aquí es un pulso constante – se siente en las paredes, en la distribución de los espacios, en esa sensación de continuidad.

Castell Son Claret es miembro de The Leading Hotels of the World, una colección de hoteles excepcionales, cuya filosofía honra la individualidad, el carácter y la autenticidad por encima de la uniformidad. Cada propiedad parece elegida por lo que transmite: una historia propia, un vínculo profundo con su entorno y una manera singular de entender la hospitalidad. Formar parte de Leading Hotels of the World es pertenecer a una constelación de lugares donde el lujo se expresa con identidad, sensibilidad y respeto, y donde la experiencia del huésped nace de la coherencia entre el alma del lugar y quienes lo habitan.

La gastronomía en Castell Son Claret es un universo que nace de la tierra y se transforma en emoción. Todo comienza en el huerto, donde cada ingrediente crece con tiempo y sentido, y continúa en una cocina que entiende el lujo como respeto por el origen. El pan recién hecho, los aromas que emergen sin artificio, los cócteles que reinterpretan la tradición local y la complicidad de una bodega que invita a descubrir vinos de la isla y del mundo construyen una experiencia íntima y sensorial. En Sa Clastra, la cocina alcanza su expresión más refinada: una narrativa delicada y precisa, donde la creatividad dialoga con la estacionalidad y la elegancia mediterránea, y cada plato se convierte en una forma de escuchar Mallorca a través del sabor.

Al caer la tarde en este edén, el lugar adquiría una tonalidad casi íntima. Los colores se suavizaban, los sonidos se volvían más profundos. Castell Son Claret se queda en la forma en que uno vuelve a respirar, en el deseo de vivir con más atención, con más coherencia. Este hotel es un estado del alma.