Adelitas Modernas, ¡patrioteras!


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Mexicanas y mexicanos que se abrazan a su bandera, pero no se saben ni el Himno Nacional. Otros que celebran el grito en Las Vegas, pero no identifican el Paseo de la Reforma, la avenida más importante del país, ¿verdad, chica dorada?… Con patriotismo, chovinismo o malinchismo, ¿cómo festejaremos nuestra Independencia este 2017?

Para nadie es un secreto lo convenencieros y “chovinistas a modo” que somos los mexicanos —chovinismo es “la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero”, según la Real Academia de la Lengua Española—, sobre todo cuando algún extranjero nos ataca, como el presidente de los Estados Unidos o aquel caso memorable, cuando KLM usó de manera elegante el sarcasmo el día que Holanda eliminó a México del Mundial de Futbol, y en este país los “patrioteros” se rasgaron las vestiduras.A muchos nos gusta resaltar los valores del mexicano, y nos gustaría que nos tomaran más en serio en el mundo, y aunque hay muchos ejemplos de mexicanos exitosos, muy lamentablemente en la práctica la realidad es muy, muy distinta. Adelitas y charros que se van a celebrar “el grito” a Las Vegas (Oh, yeah!, take it away –very Mexican), personas que durante todo, todo el año, se la pasan renegando de todo cuanto pasa en este país, amenazando con largarse apenas tengan la oportunidad, pero no hacen nada por remediar su situación, o bien, viven de los lucrativos negocios basados en la base de la pirámide, situación por la que evidentemente no se irán de México, o peor aún, celebridades que al tener una oportunidad de figurar en el extranjero rechazan sus raíces mexicanas y le rehúyen a los medios de comunicación, “no vaiga ser que los ventanién y qué oso que se les note el frijol”.

Paulina Rubio adoptó un “athento eshpañiol” para convertirse en una figura internacional durante la década de los 90 y principios del primer decenio del milenio, aprovechando el boom latino. Sin embargo, oriunda de Ciudad de México y “patriotera de fiesta a conveniencia”, confundió el Paseo de la Reforma, la avenida más importante del país, con la avenida Revolución. Cantantes que olvidan el Himno Nacional, futbolistas que presumen de vivir en Europa y otros casos de malinchismo. En cualquier caso, la imagen pública de estas personas queda, digamos, en entredicho.

Como los ejemplos anteriores, hay decenas. Y tampoco estoy diciendo que debamos vestirnos con jorongo o como china poblana para mostrar nuestro nacionalismo, pero sí es lamentable que como mexicanos no conozcamos nuestra historia y mucho menos que no hayamos aprendido de ella, que se premie o aplauda cuando alguien evade la ley o saca ventaja de alguna situación en perjuicio de otros, que estemos en contra de nuestras raíces negando nuestro país de origen y sólo nos “hagamos los mexicanos” cuando alguien externo “ofende” nuestras raíces, cuando en realidad el peor racismo lo cometemos entre nosotros mismos con nuestra misma gente. Lamentablemente, es que el peor enemigo de un mexicano en el extranjero es otro mexicano.

¿No sería padrísimo ser auténticamente patriotas y festejar cuando debamos hacerlo?, pero no sólo por convivir, sino por el simple hecho de ser auténticas mexicanas.

Casos hay muchos: una Salma Hayek que durante años renegó del país y arremetió cuantas veces pudo contra los productores nacionales, olvidando que gran parte de su llave de entrada a los Estados Unidos fue en una muy reconocida película mexicana: El callejón de los Milagros. Ahora, cuando las nuevas generaciones no la conocen, regresa “muy mexicana” a que la entrevisten y a que Martha Debayle, guatemalteca, por cierto, le haga promoción, además de venir a hacer publicidad de una película con Eugenio Derbez.

POR: JUAN PABLO ALTAMIRANO
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