close

Doctor en neurociencias, nuestro columnista Eduardo Calixto demuestra que el flechazo entre dos personas surge en las neuronas y no en el corazón, como muchos pensamos.

Por Eduardo Calixto:

El amor ha inspirado los poemas, argumentos y canciones más emotivas y hermosas. ¿Qué tienen en común edificaciones como el Kodai-Ji, de Tokio (Japón), el Taj Mahal de Agra (India) o el Petit Trianon en Versalles, Francia? Respuesta: Todas fueron construidas en honor a mujeres amadas por la pasión de hombres que no tenían límites para demostrar su enamoramiento por ellas. Para las neurociencias, enamoramiento y amor no son lo mismo. Se desarrollan, se construyen o concluyen en el cerebro y ambos dependen de la actividad de diversos grupos neuronales asociada a una neuroquímica altamente especializada, nunca en el corazón. No hay mariposas en el abdomen y en realidad no existen almas gemelas, ni medias naranjas.

La mirada coqueta, los besos, la sonrisa furtiva, el roce de las manos, ¡las sensaciones más placenteras de la vida! al mismo tiempo disminuyen nuestra razón, modifican la congruencia y reducen la objetividad. Cuando nos enamoramos activamos 29 áreas cerebrales, las cuales están relacionadas con la generación de emociones, redes neuronales asociadas a la memoria, que al mismo tiempo inhiben las regiones cerebrales más inteligentes. En el cerebro, gradualmente se incrementan sustancias químicas como la dopamina (motivador, inductor de efusividad, pasión y lujuria), la b-endorfina (generador de adicción), la serotonina (incitador de la obsesión), la noradrenalina (provocativo de iniciativas), la oxitocina (productor de apego), el factor de crecimiento neuronal derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés, relacionado con una mayor conectividad neuronal) y la anandamida (relacionada con procesos de analgesia y el sueño). El enamoramiento es un estado funcional neuronal altamente motivante, asociado a una pasión irracional y poco inteligente. Enamorados, vemos a la pareja con nuestras proyecciones idealizadas más íntimas, construidas en las primeras etapas de nuestra infancia. En realidad, la otra persona funciona como una pantalla de lo que queremos, de todo lo que nos gusta y solemos no encontrar errores en su persona, en sus conductas o en sus palabras.

 

No podemos estar enamorados de la misma persona todo el tiempo. El enamoramiento gradualmente se va modificando, se autolimita. Las sustancias químicas van disminuyendo y las áreas cerebrales van reconociendo gradualmente a la persona en su magnitud. Las neuronas van desensibilizándose, la pasión se agota y muchas parejas deciden cortar en esta etapa de la relación. Después de cuatro años de estar enamorados, la persona amada se ve en su real magnitud. Es en este momento, dependiendo de varios factores -biológicos (madurez cerebral), psicológicos (aprendizaje de experiencias previas) y sociales (el entorno familia y amistades)- cuando puede tomarse la decisión de continuar la relación aceptando a la persona como es: la pareja se hace más indulgente. A diferencia del enamoramiento, el amor se construye en redes neuronales inteligentes, de razonamiento, por lo que el amor es el reflejo de una decisión, el resultado de procesos adaptados socialmente y el entendimiento de la monogamia como un concepto social que modifica recíprocamente al sustrato biológico.

Las bases neuroquímicas del amor están basadas en neuroquímicos como la oxitocina, la vasopresina, con menos concentración de dopamina y conexiones neuronales que, aunque menores en número, tienen una mayor eficiencia en la toma de decisiones. Es posible que el amor maduro pueda durar mucho tiempo, por lo que la interacción de tres factores se convierte en el eje de una relación:

1) Es fundamental admirar a la pareja a través de su inteligencia (cómo ayuda a resolver problemas además de su sentido del humor).

2) El gusto por la pareja, la simetría de cara y la relación entre hombros y caderas son importantes para seguir sintiendo atracción.

3) el reconocimiento social de la pareja, es decir, si la persona amada también es admirada en su entorno social su atractivo aumenta.

Para encontrar el amor, nos toca enamorarnos varias veces en la vida y de diversas formas. Aprender del proceso lleva tiempo, a veces puede costarnos algunas lágrimas, pero siempre con el uso de nuestro cerebro.

Dr. Eduardo Calixto
Médico Cirujano. Doctorado en Neurociencias, UNAM. Post Doctorado en Fisiología Cerebral, Universidad de Pittsburgh.
Twiter: @ecalixto
Facebook: Eduardo Calixto
Instagram: Dr. Eduardo_Calixto


Tags : 14 de febreroAmorcerebralcerebrociencianeuronalquimica

Leave a Response

!Suscríbete! 

¡Suscríbete a nuestro Newsletter!

Tu correo ha sido 

registrado