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Foto: Shutterstock

Es el segundo continente más pequeño, pero destaca por su impactante inmensidad de historia, cultura, arte, destinos y magia.

Europa es el cruce de caminos del pasado con el presente, de lo moderno con lo clásico y de la realidad con la fantasía. Y sin duda una urbe que refleja perfectamente estas características es Viena.

Rodeada de viñedos y hermosos bosques, esta pintoresca y majestuosa ciudad es la personificación de lo sofisticado y del elegante estilo de vida europeo.

“Lebenskunst” significa “arte de vivir”, y los vieneses han hecho de su vida un arte que se palpa en las calles, en los enormes jardines, en los palacios imperiales que atestiguan un pasado glorioso y un presente que aún guarda la elegancia imperial de otros siglos.

El viajero que llega a Viena por lo general se encuentra con la misma sensación que provocan otras grandes capitales europeas. Pensar en su pasado es irremediable, en la cultura que han generado, en las guerras, en la ciencia que a tantos ha influenciado, en las conquistas, los grandes imperios y las grandes caídas.

Viena no es la excepción, su historia está amarrada al aire, y es imposible no pensar en la cantidad de acontecimientos que por aquí han desfilado.

Y sin duda uno de los sitios que tiene un especial historia es el Palais Hansen Kempinski Vienna. Los reconocidos arquitectos Heinrich Förster y Theophil Edvard Hansen estuvieron a cargo de su planificación.

Originalmente planeado como un hotel para la exposición mundial en 1873 en Viena. Fue el hogar de la sede de la policía y varios departamentos municipales diferentes, hasta 1997, cuando la ciudad de Viena vende el edificio.

Y entonces el Palais Hansen se integró al Grupo Kempinski para comenzar la restauración y remodelar el edificio en un hotel de lujo.

Moderno, innovador y poco convencional, el Palais Hansen Kempinski resulta un espacio de magia donde la historia viva se combina con el estilo de vida moderno.

Una obra de arte y un portal tanto al rico pasado como al vibrante presente de la ciudad, Palais Hansen Kempinski Viena es una ecléctica, seductora e impactantemente mezcla de todo lo que hace de Viena un destino tan mágico.

Pero más allá de este hermoso palacio, hay que darse tiempo para conocer otros sitios. Como los edificios de la Ópera del Estado, el Palacio Imperial, el Parlamento, los museos de Bellas Artes, Historia Natural y Artes Aplicadas, y la Caja Postal de Ahorros, son parte del corazón de la capital que gobernó la dinastía de los Habsburgo hace varios años.


Tags : europamujeres viajerasPalacio ImperialPalais Hansen KempinskiParlamentotravelViena

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